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GINA ESCOBAR- OBERÁ
CEREMONIAL
Me bautizo
con gotas de tu piel
grabo
tu olor en mis neuronas
sincronizo
mi corazón con tu ritmo
bebo
tu sabor y tus aromas
y así impregnada
me eternizo.
AÑA MEMBY
"Es indudable que ser honesto, en esta sociedad corrupta tiene su precio. A la corta o a la larga te lo hacen pagar.
La mayoría del tiempo me siento solo"
René Favaloro
Renacer en la muerte cotidiana
coexistiendo con el desprecio
lacerado por corrompidas
ceremonias oficialmente
instituídas por esta sociedad
que supimos conseguir.
Resulta a veces imposible
transitar los huidizos
laberintos de la fe
Parece hasta magnánimo
comprender a los extraviados
en el sinuoso recodo
de la rectitud
A merced del olvido
o el mercantilismo
que acechan demandantes
en cualquier vórtice del destino
Se percata uno entonces
¡y lastima tanto!
de que se encuentra
implacablemente solo
Inevitablemente inútil.
Le asiste la certeza de que nadie estará
al final de la mano suplicante
de panes o equidades inherentes
Menos que menos
si esa mano lleva un índice
maldito de convicciones
Finalmente/ Charlie/
no se ha equivocado
Los hermanos están cansados
los humildes cada vez entienden menos
y Mr JHONN`S y su familia
son personas realmente normales
y lo que es peor…
viven entre nosotros.

ANIBAL BENÍTEZ - OBERÁ- MISIONES
El vacío es
un bocado a tu cuerpo ausente
desde la sombra de mi pequeña muerte.
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UNA LOCURA PROVISORIA
Hay algo de tiempo derramado
nosotros luchando para no secarnos
una mancha fatigada
el vino eterno en la ropa eterna.
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No reconozco esta órbita de mutismo ilimitado
tengo la forma de una cascada
que va de tus pies a tus gemidos
y se inmola en el abismo antitiempo de tu deseo.
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Es necesario avanzar constantemente
a pesar de la sombra desabrigada del tiempo
sería absurdo no intentarlo;
desbaratar los rincones armados del miedo.
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A veces pienso en la necesidad de otra mano
una mano fértil que fecunde tus necesidades
una mano más para labrar tu vientre
de futuro tangible.

CARMEN INÉS MAZZEO
HAEDO- PCIA DE BUENOS AIRES
GÉNESIS
Cifrar la palabra
soplar su silencio previo
barrer su polvo de ausencia
hasta atraparla,
o asirla
entre los restos
de su última vestidura
y las voces que sepultan su memoria .
Suspendida en el viento
la palabra llueve su desventura,
se balancea por el hilo de la noche,
gime en su coraza
hasta estallar en el sonido
que inaugure su nombre.
ANALIA PASCANER
CATAMARCA
BARRIO CHINO
Lo supe desde el primer momento. Aquel olor extraño me lo advirtió.
Ayer, la punta de mis pies intentaba tocar el piso mientras sólo atinaba a observar esas manos toscas estropeando el cuello de mi camisa y sus pequeños ojos inyectados en sangre. Y ese olor... ese olor que emanaba desde sus entrañas envolviéndome hasta sentir que mis pensamientos flotaban tanto como mis pies.
Hoy, liberado del olor a opio que Ching Mih Ho desprende a cada paso, alcanzo a comprender que sólo poseo veinticuatro horas para realizar algo que cambie esta situación tiránica. Ya no tolero sus visitas aromáticas solicitando un tributo para permitir que mi familia transite tranquila por el barrio y para preservar a mis hermanas de la prostitución infantil.
El sopor de la lenta caída de la tarde me arroja a estas calles conocidas. Vago sin rumbo fijo. Mis manos pesan dentro de mis bolsillos. Aferro la empuñadura de plata labrada y evoco a mi padre en el preciso instante cuando me entregó el puñal. Hoy no disfruto de los colores brillantes que otras veces distraen mi mente, ni de esos aromas tentadores culpables de mi escaso sobrepeso, ni de las muchachas atractivas que se insinúan a mi paso. Hoy pienso en otra cosa: algo debo hacer… aún no sé muy bien qué es… aunque tampoco creo poseer valor para tomar cualquier decisión. Pero… qué decisión debería tomar?
To Chang me sorprende saliendo de su tienda con rapidez inusual. El terror reflejado en su palidez me alerta. Me guía hacia el interior apretando mi brazo, transmitiendo ansiedad con esos dedos gastados. Su mirada no se separa de mí al cruzar la cortina de cristales claros. Paseo mi vista por la habitación buscando un motivo para justificar el pánico de este hombre calmo y amable. Sin soltar mi brazo y sin articular palabra, me señala la mesa de marfil con incrustaciones de piedras multicolores. En el centro del antiguo mueble, el hermoso cuenco está lleno de galletas de la suerte. Tampoco hablo, sin embargo entre los dos se establece una comunicación tan profunda como la que hemos tenido siempre durante nuestras extensas charlas. Sus ojos penetran en los míos con una mezcla de angustia y urgencia que me inquietan aún más; luego su mirada se dirige hacia la pequeña mesa. Nada extraño observo: tan sólo el mismo cuenco verde repleto de galletas de la suerte. Debajo de la mesa descubro un diminuto papel y un dulce aplastado. Miro al anciano, quien se aferra a mi brazo como a la vida misma y levanto el papel arrugado. Mis manos tiemblan al abrirlo, mi corazón palpita agitado. Leo una y otra vez palabras que no tienen sentido para mí. To Chang toma un lápiz y escribe: “Ching Mih Ho acaba de retirarse y ésa es su suerte”. El anciano me mira con tristeza y abre su boca. Reprimo un grito de horror al ver el interior de su boca ennegrecido y mutilado.
Mi mente se despeja y me siento poderoso. Salgo de la tienda y mis pasos saben a la perfección hacia dónde se dirigen esta vez. Ante la elegante puerta de roble, explico a su matón que poseo la cuota que me reclamaran hace dos días atrás. Un gesto indiferente del hombre vestido de blanco que fuma recostado en un sillón abre todas las puertas. Me reciben algunos dientes de oro tras su sonrisa maliciosa. Esta vez no me dejaré abatir por ese extraño olor, debo mantener mi concentración. El frío del metal me infunde seguridad desde mi bolsillo. Permanezco de pie frente a él y lo observo mientras cada gota de mi sangre hierve con bronca y galopa con valor. Será sencillo: está absolutamente drogado. Pienso en mi padre, quien falleció a manos de sus matones; pienso en mi familia, pienso en toda la gente decente del barrio, y ya no necesito esperar nada más. El puñal se dirige certero hacia su corazón mientras escasos billetes caen con la cadencia de la agonía, mientras esa sonrisa malvada se apaga junto con su vida, mientras sus dientes dorados se deslucen en sorpresa, mientras el tiempo se detiene permitiendo llevar a cabo mi misión. Mis veintitrés años enardecidos por la venganza se escabullen de la sala con rapidez.
Y ya bajo un techo estrellado, sonrío al recordar las palabras leídas en la tienda de To Chang: “Hoy el opio no protegerá tu corazón”. Palabras comunes que al esconderse dentro de las galletas de la suerte adquieren un significado diferente.
Doy vuelta a la esquina y me sorprendo gratamente al observar al etéreo To Chang con su habitual sonrisa calma y oculto bajo las sombras plateadas que desliza la luna. El hombre espía por la ventana.

ANIBAL SILVERO
POSADAS - MISIONES
LA DISPUTA DEL AGUA
Ellos vienen por el agua dice Pilmayquén, la niña menor de la tribu, encendiendo su notebook de última generación. Y viendo desde el avión cómo los invasores se revuelcan desaforadamente sobre el pasto verde.
Ellos vienen por el agua, dice Mainumby, la segunda hija del cacique Amaru, buscando por Internet en el mercado bursátil la cotización del día, mientras observa desde el aire un gentío de gringos que se apelotonan alrededor de un arroyo, y se arrojan semidesnudos y eufóricos en el límpido líquido.
Ellos vienen por el agua, dice Aylen, la mayor de las hijas del jefe de la tribu, mirando desde el moderno jet a millares de personas disputándose la supremacía de un claro de la selva, justo al centro del acuífero.
Ellos vienen por el agua, dice el cacique Amaru, prendiendo el aire acondicionado y la tv satelital. Nosotros en cambio, nosotros vamos por la Coca Cola.
ALBERTO SZRETTER
PUERTO RICO- MISIONES
LA JUVENTUD,
MISIONES
Y LA LITERATURA
El concepto de "juventud" tiene connotaciones que hacen complicado acercarnos al tema.
Son muchos los puntos de vista y los abordajes a este asunto tan amplio, de manera que según la postura que se tome será distinto y determinante el concepto que se tenga.
¿Quiénes son los jóvenes? Parece tonto preguntarse pero es pertinente la cuestión; por ejemplo un chico de quince años qué cosas tiene en común con uno de 24 años (hasta esta edad llega la juventud, según las OMS) Vemos que estas dos personas poseen muy diferentes características de vida.
Sin embargo debemos arriesgar alguna definición para poder aproximarnos a este universo que para mayor complejidad, considerando el mismo grupo etario (edad), es también muy heterogéneo: no es lo mismo un joven de 18 años de un ambiente rural que de un ambiente ciudadano, de una familia pobre que de una familia adinerada.
Digamos que jóvenes son aquellas personas comprendidas en una amplia franja de edad que está entre los 12, 14 y los 24 años (algunos estudios ponen 21 años, otros 29 años) Y que posee dos fases: una primera fase luego de la infancia (la adolescencia) y una segunda los jóvenes propiamente dicho.
En esos diez o doce años que dura la juventud (desde la niñez hasta la adultez) ocurren acontecimientos vitales de suma importancia.
En ese tiempo extenso el joven estudia, el joven vaga, el joven trabaja, el joven delinque, el joven es papá o mamá, el joven vota, el joven “es el futuro”, etc etc etc
Pero sí- podemos decir como atributo general -sin demagogia- el joven sueña lleno de entusiasmo. Sueña claro- con un mundo mejor.
A su vez la sociedad sueña con formar e integrar a estos jóvenes, y pretende protegerlos contra todo mal. Pero si es así deberíamos protegerlos de nosotros mismos. O por lo menos protegerlos del mucho mal que solemos hacer los grandes.
Porque la juventud va asimilando los valores de la misma sociedad en que vive.
Notamos por ahí que se critica ácidamente a la juventud, pero… se olvida decir que los jóvenes son el fiel reflejo de la sociedad en que han nacido y crecido.
¿Porqué se afirma que los jóvenes no tienen valores? ¿Y los adultos los tienen?
¿Porqué se habla y se escribe que los jóvenes están desorientados? ¿Y los mayores?
Estos opinan que la juventud es indiferente a la política y que hay crisis motivacional, que les falta entusiasmo en el trabajo, que son inestables y poseen un desinterés generalizado, que son desocupados y bordean la corrupción y la ley del menor esfuerzo
¿Y qué hay de los adultos?
Dicen que los chicos se dan al alcohol y las drogas. Pregunto si los mayores no lo hacen.
El periodismo, en general el amarillista (y un poco del otro), y los sabihondos de la tele aseguran que los jóvenes son violentos ¿es que los adultos no lo son? ¿Qué podemos decir de los jefes de Estado? Las guerras no la arman los jóvenes, a la guerra en todo caso van los jóvenes (a morir).
¿Qué podemos decir de la carencia de ídolos que no estén perdidos en las adicciones o no muestren culos y frivolidad en la pantalla chica?
Como vemos existen ideas, juicios y prejuicios; y detrás de esto muchas veces intereses y temores.
En fin la juventud es un universo complejo y vasto. Un considerable número de factores parece haberse distribuido de manera desigual en calidad y cantidad, y sobre todo en oportunidades: por eso hay jóvenes tan distintos y con modos de vida diferente en un amplísimo espectro (urbano, rural, comercial, laboral, estudiantil, provinciano, capitalino o metropolitano, según clases sociales, etc.).
Misiones posee la mitad de su población por debajo de los 20 años.
Se cree -cuando se registra este dato- que “es una provincia joven”, que esto es bueno. No lo es.
Y no lo es porque significa que la mayoría de su gente no llega a vieja (muere antes): la pirámide poblacional se estrecha abruptamente en los grupos etarios con más edad.
Alrededor de 500.000 jóvenes (ese 50% de los habitantes misioneros) unos 320.000 está matriculados en el sistema educativo provincial. O sea el 64%
O al revés: el 36% no estudia, ni se forma ni se prepara educativamente.
Este es un gravísimo problema de amplia repercusión social de corto y mediano plazo que pone en tela de juicio todos aquellos planes de gobierno (nacional, provincial y municipal) que no contemplen estratégicamente revertir una estructura económico-social perversa.
Otros datos de educación. El nivel de escolarización en el sistema anterior (este año fue reformado) de EGB 1 y 2 (hasta 12 años) es de 92%
Pero para EGB 3 y Polimodal es de 36%
Y para el nivel universitario es de 7%. Otra vez una pirámide de ancha base y desértica en la punta.
La deserción escolar es tremenda en la provincia: el 50%;
y la repitencia una de las más alta del país: el 20%
Es decir de 100 chicos matriculados, 50 no van a completar nunca sus estudios básicos y 20 repetirán de grado.
Estos datos son del Censo de 2001 y son oficiales.
¿Se ha mejorado la situación desde entonces?
En este contexto nosotros -los mayores- nos sentamos a hablar con mate, café y sandwichitos de mesa redonda, de la juventud. Cuando muchísimos chicos van a la escuela sin comer, o deben dejar la escuela para ir a trabajar, a ayudar a “parar la olla” a sus padres en la tarefa.
Se proclama en los discursos que la educación es básica para cualquier programa de desarrollo humano, pero notamos que Misiones carece de una política de Estado seria (las cifras son inapelables y muy demostrativas) Y no hay una primerísima prioridad de dar soluciones; empezando por una tricefalía absolutamente inoperante (Minist de Educación, Consejo General y SPEM (de enseñanza privada), siguiendo porque está todo mal con respecto a los ingresos de los docentes, capacitación, infraestructura, jerarquización, equipamiento y programa de inclusión social de los jóvenes.
¿Qué aporte se puede hacer desde la Literatura al “mundo de los jóvenes”?
Los escritores aseguran que debemos recuperar la palabra, que los jóvenes deben recuperar la palabra, que los jóvenes deben apropiarse de la palabra.
¿Qué significa esto?
Adueñarse de la palabra quiere decir apropiarse de lo social. La palabra es el alma del pueblo. Escribiendo y leyendo ejercerán (ejerceremos) el derecho a la autodeterminación y a la libertad, a la independencia de todo criterio ajeno a la idiosincrasia nacional y provincial.
Dicho de otra forma, cuando los chicos hablen, digan sus cosas, se expresen, griten sus necesidades, escriban o pinten aquellos sueños que mencionamos al principio, se afirmarán en su identidad. Es la palabra lo que da identidad a las personas.
Cuando los jóvenes hablen, y no cuando hablen por ellos.
Cuando los jóvenes interpreten y no sean interpretados. Porque resulta que la juventud posee demasiado traductores; y es ella la que desea (y debe) traducir sus cosas. Es ella la que tiene que escribir su tierra y su cielo, su infierno y su Paraíso.
Es decir cuando narren. Narrar tiene que ver con la memoria colectiva.
Cuando ellos se narren crearán muy fácilmente un centro que los juntará en un emprendimiento colectivo.
La sociedad no necesita ingenieros, ni médicos, ni abogados, sino narradores. Chicos, jóvenes que cuenten lo que son, lo que están siendo, y lo que sueñan ser. La sociedad anhela gente que se celebre y festeje y deje de sufrir, que refiera su misión, su amor, sus pesares, sus angustias y alivios.
La escuela, dice la literatura, no debería querer alumnos que compren libros de texto, sino alumnos que inventen sus libros de texto, con su problemática (las de la zona), con sus quejas y sus fantasías.
El mundo que busca la literatura es una inmensidad de jóvenes que cuestionen y señalen carencias y virtudes. La literatura está en comunión con los jóvenes en tanto es como ellos: rebelde a aceptar un sistema social que es a todas luces injusto, distorcionado, doloroso.
La literatura odia la pasividad y espera que los libros (la lectura y la escritura) derroten a la impotencia, a la pereza mental, a la entrega, a ese pensamiento derrotista de creer que lo habitual es natural, que las cosas siempre han sido como ahora, tristes y jodidas.
La literatura le dice a los jóvenes que leer es pensar el país, y que ellos deben escribir el país, no solo “al” país.
Y que leer no es solo leer libros, sino leer todo, los graffitis, el diario, leer la tele, la propaganda, los gestos, los boletines de noticias… todo.
Que leer no es pasar con los ojos sobre esos signos escritos o vistos, y repetirlos como loro, sino analizarlos, pensarlos, criticarlos, comentarlos con sentido profundo desde la propia óptica, no desde la visión del entendido de turno. Es tan analfabeto el que sabiendo leer y escribir, no lee ni escribe, como el que jamás fue a le escuela. De qué sirve saber leer y escribir (es decir ser crítico) si no se ejerce. Es como una herramienta de balde, superflua, sobrante, inútil.
¿Cuántos chicos leen el diario o escuchan la radio? Sin embargo no escriben al diario ni llaman a la radio; dejan de participar. Y no participan porque no existen verdaderos canales para integrar sus opiniones. Además, se los ha formado para la currícula, nada más, para que pasen de grado. Esa escuela es una institución de mediocridades.
La gente asegura Pablo Freire, un extraordinario pedagogo brasileño- debe aprender a contar su historia. Y no que otros cuenten la historia de ellos.
Observemos, el 85% de los contenidos televisivos de todo el territorio nacional son originados en Buenos Aires (el viejo puerto centralista), y por el grupo Clarín y Telefónica. Lo que los jóvenes ven acá en la tele son cosas de allá, son propaganda de los porteños, son comidas de ellos, que hablan como ellos, que se viste de otra forma, y presentan otros problemas, etc. He oído a chicos de acá que hablan en un español neutro que posiblemente esté gravado en México, y que suena en las series con que nos inundan. ¿Alguien sabe lo que es un malvadisco?
Pregunto en qué proporción la gente de Misiones ve programas nacidos aquí, nacidos en la provincia, y cuál es la cantidad de programas nacidos en el país y en el extranjero.
De paso digo que el grupo Clarín es el mayor opositor con toda su batería de leguleyos y vocingleros comunicadores al proyecto de la Ley de Servicios Audiovisuales.
¡Oh casualidad!
Otro dato de la TV: el 30% de los contenidos son de entretenimiento y el 20% son noticias (que insisto, una sola empresa es la usina mayor).
Solo un 3% son educativos o de información cultural.
¿Tenemos la palabra? ¿Tienen los jóvenes la palabra?
Uno se sonríe cuando la historia de la conquista de América informa que los europeos traían espejitos, vidrios de colores y baratijas, chafalonías, para darles a los indios a cambio de los metales preciosos. Pero ¿y a nosotros ahora no nos muestran por la tele cosas parecidas para dejarnos bobos, y nos venden porquerías a cambio de nuestra riqueza? ¿No compramos estupideces, desde tecnología desechada en los países avanzados hasta ideologías que nada tienen que hacer con nuestra forma de ser y sentir?
El alfabetismo sería no ya saber leer y escribir en la acepción antigua, sino (entonces) un estado en que los chicos y la juventud “toman la palabra” y la ejercen.
“Toma” como el pueblo tomó la Bastilla. Tomar la palabra para ser escuchado.
Y esto es lo interesante que dice la literatura, que hay mucho bla bla, mucho bullicio, todos hablan en el sentido gutural o fisiológico, y nadie dice nada (sobre esto los políticos profesionales son expertos): nadie escucha nada.
No se enseña a escuchar. Es-cu-char.
La escucha es clave porque es el reconocimiento del otro. Aquí se enciende el vínculo comunitario. Así se corporiza el colectivo común, la identidad, la imaginación y la autonomía. Los jóvenes se sienten partícipes del mundo social, se vuelven activos y se vuelven creativos, y a la vez están contenidos por la visualización de algo concreto que es de ellos y que ellos fueron sus hacedores.
Cuando escuchamos, cuando de verdad escuchamos, inventamos un espacio común entre vos y yo. Así nace el nosotros.
La literatura dice que falta ese “nosotros” y por eso ayuda a crearlo.
Y que leyendo la realidad (no solo los libros) aprendemos a escribirnos, a escucharnos, a descubrir al prójimo,
o sea al próximo, al que está al lado, al amigo, al vecino, al compañero, al compueblano.
Esto es lo importante. Y no es poca cosa.
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