CRONICAS DE LA VIDA REAL

Cuestión de crédito



Esta mañana, contra mi voluntad, rellené el formulario:

Nombre y apellido: Gertrudis Anette Amarilla, 48 años de edad.

Estado Civil, soltera (ni separada de hecho, ni concubina figuraban en los casilleros)

Hijos: Uno (Pero adolescente, lo cual equivale a tres)

Domicilio: Picada 20 S/N (¿Que no saben que en la chacra los números siempre llegan tarde?)

Ocupación: Y ahí volvió el eterno dilema. ¿Qué pongo?

Empleada Pública, decidí; pero tuve que hacer tripas corazón para borrar el "escritora" que tracé al principio o me impugnaban el crédito.

No es la única vez que salgo del banco con un nudo en la garganta, y digo del banco por remitirme a un ejemplo concreto, ya que la situación se reitera con cada giro postal, cuando relleno los cupones para el cero kilómetro que me da el carnicero (y que nunca gano), en la obra social, en reuniones sociales
y esto es lo peor.

Ahí la gente indaga: ¿Que sos?

Y la respuesta me tienta: En primera instancia, soy un ser humano.

Ahora bien, ante una averiguación más apropiada, como sería el caso de:
¿A que te dedicas? o ¿De que vivís? Tampoco consigo erradicar la impotencia.

La respuesta al interrogante inicial podrías ser:

"Me dedico a subsistir y lo consigo trabajando en lo que no me gusta, desde que canta el gallo hasta que el sol se pone rabioso. También me dedico a leer, a fumar, a tomarme un vaso de vino tinto por las noches…mmm…me dedico a la limpieza y demás labores que irrumpen el esparcimiento creativo del ama de casa y a ser madre de mi hijo y de mis mascotas: dos perros, una tortuga, una parejita de patos y un marido (sabiendo lo que demandan los maridos, no pretendo añadir más)"

En cuanto a la segunda pregunta, decididamente respondería:

"Vivo de escribir, porque si no escribo me muero"

Pero son tentaciones, raramente las materializo¿Por qué? Porque cuando la lengua está por lanzarse al vacío, me acobardo, y frívolamente contesto, igual que esta mañana, un desapegado: Empleada Pública.

Sé que nuestro caso no es el más triste, mal que mal, el oficio de escritor lo ubica a uno en una posición de “intelectual” que provoca cierta consideración, aunque se escriban cursilerías.
P
ienso en los músicos, unos colgados del catre que pasan horas y horas rascándose los dedos con cuerdas de guitarra, o en los actores, bohemios que se prestan al ridículo representando personajes más descabellados que ellos mismos.
¡Pobres los artistas plásticos! Pintan esos cuadros incomprensibles (manchas, circulitos, rayas y otra vez circulitos) y encima pretenden venderlos.
No continúo con los artesanos porque son “hippies” (aunque los auténticos hippies hayan claudicado hace añares) o con los bailarines.
Mejor me detengo acá, o me sube la presión.

El médico atribuye mis picos al exceso de grasa en las comidas, pero la pura verdad es que la gordura no me perjudica en absoluto. Lo que atenta contra mi salud física y mental, son estas valoraciones tan poco sustentables que suelen realizarse en pos de los artistas.

Hace algunos meses (todavía no era "empleada pública" y sobrevivía vendiendo tarjetas artesanales con poemas de amor, amistad etc.) fuí al supermercado.
Al llegar a la caja, conté una a una las pocas monedas que traía. Entonces, un señor de traje y corbata, muy culto, muy letrado (que testificó mi destreza para los malabares) no tuvo mejor idea que acotar:

- Gertudis, si con estos asuntos del campo la chacra anda mal, y a vos te gustan "esas cosas" de escribir ¿porque no te mudás a El Bolsón?
Allá vas a estar como pez en el agua

Confieso que excepcionalmente di crédito a la sangre paraguaya que circula en mis venas.

- Y vos, pedazo de "Bolsonudo"¿Porque mejor no te ocupás de lo tuyo, que bien te vendría instruirte un poquito?

La vida en el pueblo, es brava. Después te volvés a cruzar a esa gente en la vereda, y esquivás la mirada.
Igualmente prefiero (aunque me quede estéril de manitos en el aire) no saludar a nadie. Bueno, a nadie no. Seguramente los artistas sabrán entenderme.

Ustedes, camaradas, no hagan como yoy completen la ficha, con esas palabras que reflejan su auténtica identidad.

¡A ver si de una vez por todas conseguimos que en este país también se le dé el "CRÉDITO" al trabajador cultural!


Por. Gertrudis Amarilla
(Alias Carina Ruggiero)

* La autora no se responsabiliza por las similitudes que estas crónicas puedan sugerir respecto a la vida de otras personas o personajes, quedando exenta de cualquier demanda por daños y prejuicios proveniente de la incorrecta digestión del texto.




























































































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